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Etiquetas sociales

La gente te pone etiquetas de acuerdo a lo que ven en ti. Estas etiquetas con el tiempo se graban en tu mente, se convierten en tu realidad y te limitarán toda tu vida. Tú comienzas a creer que eres lo que todos te dijeron que eras.

 

 

Los padres son los primeros en categorizar y etiquetar a sus hijos de acuerdo a lo que ven.

En mi caso siempre reprobaba matemática, entonces yo tenía una etiqueta, mi etiqueta siempre fue que yo no era bueno para la matemática, me lo repitieron durante años y  lo comencé a creer “No soy bueno para matemática” “No puedo estudiar nada relacionado a la matemática porque no soy bueno en eso”, algo que no era cierto, se convirtió en una verdad para mi.

 

Alguna de las etiquetas más comunes que escucharás de la gentes son:

“Yo soy muy olvidadizo” “Soy muy despistado” “Soy malo para la matemática” “No soy bueno para los deportes” “Soy tímido” “Soy violento” “Soy desorganizado” “Soy frío e insensible” “Soy miedoso” “Soy torpe” “Soy gordo” “Soy muy alto” “Soy prepotente” “Soy sumiso” Etc.

Lo dicen como una verdad indiscutible, lo dicen como si no existiera forma de cambiarlo.

 

Coloquemos un ejemplo simple, imaginemos que una niña de siete años comienza a tomar clases de ballet.

Ella disfruta mucho de ir y aprender con sus compañeras, puede fluir en esta actividad.

Para su profesora la niña no tiene facilidad para bailar, entonces la pequeña decide dejar de ir, no se siente cómoda de practicar algo en lo que no tiene facilidad.

 

Ella evitará con el tiempo cualquier situación que se relacione al ballet, porque la idea de “No eres buena para bailar ballet” se transformó en su realidad, para sus padres y su profesora ella no tiene facilidad, al ser una niña toma la palabra de los adultos como una verdad absoluta, ella lo acepta, y al aceptarlo esa será su etiqueta de por vida.

Con el tiempo ella misma creerá que no es buena para bailar ballet, y cuando le pregunten porque no siguió bailando seguramente responderá “eso no era para mi”, sin embargo cuando fue una niña disfrutó todas las clases a las que asistió.

 

La mayoría de las etiquetas son externas. Pero también hay etiquetas que nosotros mismos aprendimos a colocarnos para evitar hacer cosas que nos asustan. Conozco una mujer de 63 años que no pudo estudiar en la universidad porque tuvo que trabajar para mantener a su familia.

Ella dedicó toda su vida a trabajar, a menudo me cuenta sus ganas de estudiar en la universidad, es uno de los sueños que quiere cumplir.

 

Una vez le dije ¿Por qué no estudias ahora?

Tus hijos están grandes, estás jubilada, tienes tiempo libre y el dinero suficiente para hacerlo, pero siempre me responde etiquetándose negativamente “Yo nunca fui buena para los estudios” “Era un desastre en la escuela, imagínate lo que seré en la universidad” “Ya estoy vieja, no puedo llevar ese nivel de estudio” “Ya no tiene sentido hacerlo”.

 

A pesar de sus ganas ella se etiqueta para evitar afrontar su miedo, ella desea estudiar, pero no se considera apta para hacerlo, sus etiquetas le impiden ver su potencial.

Está convencida que si era mala en la escuela, entonces la universidad será misión imposible.

Estas son simples etiquetas que nacen de su inseguridad, de su miedo a fracasar. Tal y como hablamos en otros artículos el miedo es una emoción paralizante, que te mantiene estático y te aleja del éxito.  

 

 

 

 

Analizando mis propias etiquetas

 

 

 

Etiquetas sociales

 

 

 

 

Todos tenemos etiquetas… ¿Cuáles son las tuyas?

 

Piensa en alguna ahora mismo y pregúntate:

 

¿Esa etiqueta me la puse yo mismo o me la pusieron otros?

 

 

¿Estoy utilizando esa etiqueta como excusa para evitar enfrentar una situación que atemoriza?

 

 

¿Estoy haciendo algo para sacarme esa etiqueta?

 

Cuando tengas las respuestas a estas preguntas te darás cuenta que utilizaste este método de etiquetación durante años y que inclusive tu mismo has etiquetado personas. 

La sociedad nos vende una idea equivocada con respecto a nuestras capacidades. Si tu nivel de CI (Coeficiente intelectual) no es alto, entonces no llegarás tan lejos que las personas que tiene un CI elevado, eso me dijeron siempre. Conozco muchos genios que a pesar de su sorprendete capacidad intelectual quedaron estancados en la vida porque no tuvieron la actitud correcta.

 

 

Es más importante tu actitud y la voluntad con la que hagas las cosas que tu nivel intelectual o tu capacidad para hacer una determinada actividad.

Tu puedes tener aptitudes magníficas para pintar en oleo y tal vez yo no, quizás a mi me cueste más, pero la diferencia entre tu y yo es que yo tengo la actitud correcta, yo tengo la voluntad para mejorar.

 

¿Qué es lo más probable que suceda?

 

 

¿Quién te parece que llegará más lejos?

 

A veces también decimos “Yo no soy bueno para tal cosa” “Esto no es lo mió” pero en realidad no es que no eres bueno, suele ocurrir que simplemente es algo que no te gusta y decides utilizar la auto etiquetación para que no te obliguen a hacer algo que no te gusta.

Hacer esto es destructivo para ti, porque no es que realmente no seas bueno para hacer eso, pero repetirte que no eres bueno te creerá una creencia limitante, piensa en que solo es algo que no te gusta, que no te interesa, pero que fácilmente podrías hacerlo si te lo propusieras.

 

 

La próxima vez que estés por etiquetarte para evitar hacer algo que no te gusta detente! Y sé mas asertivo para comunicar que no vas a hacer eso porque decidiste no invertir tu tiempo en hacer algo que no gusta, esta respuesta es mucho más acertada y dañará menos tu psiquis.

 

¿Qué sueños dejaste de lado por creer que no eras bueno para hacer algo?

 

 

Piénsalo, como el caso que relaté anteriormente de la mujer de 63 años, su potencial era enorme, pero sus etiquetas eran tan poderosas que jamás sabrá si sería capaz de llegar a su objetivo o no.

Observa dentro de ti cuales fueron esos sueños que quedaron sepultados y toma ya mismo otra decisión, nunca es tarde para hacer lo que siempre quisiste para tu vida.

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